Datos personales

Mi foto
Tu lees porque piensas que te escribo... Eso es entendible. Yo escribo porque pienso que me lees... Y eso es algo terrible.
Mostrando entradas con la etiqueta desierto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desierto. Mostrar todas las entradas

08 octubre 2011

HISTORIAS QUE NUNCA...(12)

ARENA MOJADA

No recuerdo bien el tiempo que hace que ya que no estás,  he perdido la cuenta de los días que llevo  caminando por este desierto de emociones, dejándome llevar por falsos espejismos aun a sabiendas de que lo eran. Siempre con sed pero sin ganas de beber.
Muchas veces he pensado en el porqué de seguir andando, sabiendo como se, que en este desierto no existe posibilidad alguna de encontrarte... Ni a ti, ni a nadie...
Bajos mis pies, tras de mi, en el horizonte, mire donde mire; solo hay arena, cantidades ingentes de arena ardiente.
Imagino que continuo andando gracias a pequeños auto engaños; haciendo caso a las voces que resuenan en mi cabeza, voces de otros que aseguran que todo desierto tiene su fin, que no hay más que resistir, que al final encontrare agua, que tan solo hay que seguir caminando, hacia delante, hacia el horizonte...
Así que camino sin verdadera voluntad, con la misma rutina de siempre; Me tapo los ojos, para que el sol no me queme y cubro mi piel a conciencia para que el frío de la noche no cale en mí.
Pero el horizonte sigue siendo horizonte y el desierto, desierto. Y lo cierto es que ya me da igual que el paisaje cambie o no, ya ni los espejismos desvían mi mirada y no me desplazo más que, en parte por inercia y en parte por instinto de supervivencia, pero sin ninguna clase de fe, sin tan siquiera ganas de saciar mi sed, sin objeto ni fin.
Pero hoy; hoy casi por casualidad (como ocurre con casi todo lo bueno), en uno de mis descansos, sentado sobre la arena he jugado a enterrar mis manos, a enterrarlas en esa misma  arena que he pisado un millón de veces, la  que cuando el viento se levanta; atraviesa mi  piel sin la mas mínima resistencia como si  mi cuerpo ya no existiera. Esa, esa siempre idéntica arena, hoy ha querido sorprenderme; Mis dedos no han sentido el calor al que estaban acostumbrados, a cambio una dulce humedad los ha acariciado...
Y despacio muy despacio, como si quisiera asegurarme de que no me estaba equivocando, me he dado cuenta de que estaba tocando arena mojada. Apenas puedo creerlo.. ¡Al fin arena mojada! Algo que me parecía ya imposible en este desierto tan árido como mis esperanzas.
Lo sé; No es agua. No debo precipitarme...  Es ¿tan solo? dulce humedad de color dorado que no puedo beber, y aunque pudiera… No debo beber.
Pero al fin algo más que sed. Finalmente se despierta en mí  la voluntad de beber. Una humedad que significa que hay agua y que no debería estar muy lejos. Una tenue promesa de que quizá pronto pueda calmar la sed.
Promesa no ya de que aparezcas de nuevo en medio de una tormenta de arena, si no de que quizá pueda llegar al fin de esta travesía desértica e ilusionarme con algo nuevo.
Un encuentro inesperado, una risa sincera, una piel dorada, un cuello de cisne, una manera de hablar desconocida, una grata sorpresa, una vana esperanza…pero una esperanza al fin y al cabo.
Tras un largo tiempo deleitándome en esta, para mi, nueva experiencia, he desenterrado poco a poco mis manos viendo como la arena resbalaba despacio entre mis dedos. Y, despues de mucho tiempo, mientras sacudía la poca arena mojada restante pegada a mis manos; mis ojos, aun a riesgo de quemarse, se  han atrevido de nuevo a mirar directamente al sol. En ese momento una mueca ha torcido mi boca. No sé si a esa mueca podría llamarle una sonrisa, pero desde luego; es lo más parecido a ello que he tenido en mucho tiempo.

By
Nene

01 octubre 2009

CARTAS QUE NUNCA...(10)


Hoy me siento especialmente rodeado de ausencias. Como si tuviera toda la arena y todos los horizontes vacíos del maldito desierto dentro de mi.
No sé el nombre de esta ciudad. Ni el del bar en el que estoy. Y esta carta que escribo ni siquiera es para ti.
Esto esta lleno de gente, todo el mundo habla, parece ser que todos tienen algo que decir menos yo.
Junto a la máquina de discos una niña rubia y delgada, de unos dieciséis años, me mira con cara inocente. Pero sus ojos la delatan. Cuando se da cuenta que no me engaña; sonríe, echa una moneda en la maquina y se pone a bailar de forma extrañamente sensual para una niña de su edad.
El gordo que esta a mi lado no deja de observarla. Y echa miradas cómplices a sus amigos.
Doy la vuelta al taburete y paso del espectáculo. El camarero me mira inquisitivo, pero no me pregunta que quiero beber. Así que tomo la iniciativa y le digo “dame lo que sea menos cerveza”. No quiero beber lo mismo que estos tipos. Sorprendentemente el camarero acierta y me trae una botella de Jack Daniel´s. Quien sabe, quizá ya he estado alguna vez aquí. No hay forma de saberlo.
La niña debe estar intentando atraer mi atención porque cada vez siento más agitación detrás de mí. No me preocupa, no es la primera vez que me la encuentro, y sé que sabe como manejar los problemas. Sobretodo los que ella misma crea.
¿Que demonios querrá esta chica? Que no para de regalarme variaciones del mismo numerito allá donde vaya en esta ciudad.
Tengo curiosidad, pero no la bastante como para acercarme a ella a preguntarle. Aun conservo algo de mi instinto de supervivencia. Y además, por alguna razón ya sé como va a acabar todo esto. Lo que no consigo entender es porque empieza.
Me dan ganas de salir a buscar otro bar, pero sé que no serviría de nada, no tardaría en volver a encontrármela. No sé si es que solo hay un bar en esta ciudad, si realmente me está persiguiendo o si quizá soy yo el que lo hace. Pero me da igual…. Hoy realmente me apetece beber algo. Así que voy a ignorarla y beberme tranquilamente una botella de Jack Daniel´s.
Seria maravilloso si en este bar hubiese algo menos de ruido, si ahí fuera hubiera algo más que kilómetros de desierto hasta la próxima ciudad, si hoy fuese ese día en el que sintiese el valor necesario para enfrentarme de una vez a esa niña...
Pero ya me he acostumbrado a aceptar que no se puede tener todo. Así que hoy me conformo con tener algo, por poco que sea. Y ahora tengo un buen dolor de cabeza y toda una botella, repleta de alcohol, a mi disposición. Cualquier otra cosa que ocurra a mí alrededor, hoy no me importa ni lo más mínimo…
No te tengo a ti, y eso es lo mismo que no tener nada.